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Galel Cárdenas
El periódico “La Tribuna” que aupó el golpe, lo incentivó, lo cobijó y lo justificó, y lo sigue haciendo en la práctica, al no cubrir con objetividad la realidad política que el país vive actualmente, hoy escribe un editorial que se titula “El Imperio” en el cual en una especie de mea culpa, inicia expresando que “Sentimos, con tristeza absoluta, que la sociedad hondureña está profundamente polarizada. Tan dividida que nadie quiere escuchar razones. Blanco o negro. Un daltonismo total que no permite la consideración, siquiera, de otros colores o matices de solución, que pueda plantearse como una salida a esta tremenda encrucijada”.
Y las páginas de La Tribuna han sido precisamente las que han planteado este escenario que ahora viven los hondureños con estupor y con terror por lo que sucede, con un gobierno que ha conculcado todos los derechos humanos, hasta el derecho propio de un Estado que bajo el régimen constitucional prohíbe cualquier forma dictatorial que se implemente en contra de sí mismo. La Constitución en su artículo 2, en su segundo párrafo refiere: “La suplantación de la soberanía popular y la usurpación de los poderes constituidos se tipifican como delitos de traición a la patria”. Entre tanto, el artículo 3 de la Carta Magna, expresa: “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen”.
Vistas así las cosas, en el marco de un golpe militar y civil, este editorial trata de establecer la necesidad de la asunción de la prudencia para salir de la encrucijada, hacia la cual desembocaron todos aquellos que directa o indirectamente, con odio político, ideológico y personal, abonaron con ideas subliminales o directas hacia la deposición del régimen liberal del Presidente Manuel Zelaya Rosales, destruyendo no sólo su gobierno, si no también el partido liberal en el poder.
Y en este editorial se expone que “La polarización cada instante estrangula el poco espacio para encontrar remedio, cerrándose, más y más, las pequeñas rendijas de luz que quedan, y ay de aquel que intente colocarse en otro lugar que no sean los extremos. Lo descalifican, lo intrigan, lo injurian y de ser posible lo aniquilan.”
Este editorial denominado “Imperio”, que evidentemente se refiere a la razón, trata de expresar que hay algo morboso y maléfico que se está fraguando entre quienes gobiernan el país. Se refiere párrafos más adelante, a toda el Apocalipsis que se desató con la revolución francesa, cuando no menos de 10 mil personas fueron guillotinadas.
Sin embargo, no refiere el editorial a las masacres que se produjeron en diferentes momentos de nuestra historia, sangre que abonó la lucha por la justicia, la democracia, y la libertad hondureña.
Y ahora con la prudencia de la razón, con el imperio de lo racional, publica un editorial en el que refleja una gran preocupación por culpa de lo que sucede en el país, aunque no hable en ningún momento del golpe militar y civil que ha cercenado las libertades públicas.
No alude a que la crisis que experimenta el país, responde precisamente a la más alta violación que un pueblo pueda sufrir, y que es principio de la paz o la guerra; la burla a la soberanía popular que elige con voto directo al presidente que desea que la gobierne.
La salida a la encrucijada está precisamente signada por la restitución al poder político del presidente depuesto. La paz reside en el respeto a la democracia sea esta imperfecta o no.
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